En el sueño profundo el hombre no reconoce su maestría y se deja conducir por la programación de un ego carente de verdad y conciencia divina, el ego busca sabotear la luz y la sabiduría guardada en el interior de cada individuo, su trabajo es evitar que el ser humano reconozca “quien es” más allá de él; mientras permitas seguir su programación no podrás entrar a la caverna del maestro, allí donde todos los posibles e imposibles se unen para generar una realidad diferente y brillante.

 

La iniciación, el despertar requiere trabajo, esfuerzo, constancia y no rendirse jamás; el maestro se exige constantemente así mismo estar alerta y presente; porque si hay algo que el ego intente evitar que alcances, con más fuerza debe seguir adelante y no detenerse; al maestro no le está permitido retroceder ante las dificultades, sino emplear más gracia y magia ante los retos. El maestro se mueve desde su divinidad, la luz que emana y su meta siempre es ir un paso más lejos del límite y la dificultad, ahí está la maestría que hace posible lo imposible.

La entrada a la caverna del maestro, es encenderse con la luz que llevas dentro, reconociendo tu divinidad. El maestro observa la sombra, la descifra y la pone a su servicio utilizando la fuerza de la oscuridad para generar una Nueva luz desconocida, la sombra utiliza lo conocido lo familiar, ante lo nuevo el ego se desarma y lo teme; porque para que la luz pueda ser vista es necesario que exista sombra, no hay luz sin sombra, ni sombra sin luz. El maestro controla la sombra que se acerca y no permite que le afecte, a no ser para brillar más.